CHICHA LIBRE – SONIDO AMAZÓNICO

CHICHA LIBRE – SONIDO AMAZÓNICO

Creo recordar que conocí el sonido del grupo Chicha Libre saliendo de uno de los auriculares compartidos de Pelo Zanahoria durante un largo viaje en autobús por tierras mexicanas. Aunque parezca increible, soy tan sumamente desastre que nunca fui capaz de invertir cinco minutos en meter música en el móvil para amenizar alguna de las taaantas horas de bus que pasé a lo largo de los casi siete meses de aventura recorriendo Latinoamérica por tierra. Nunca llevaba música, ni tampoco ningún podcast para aprender idiomas que hubiera sido algo bastante práctico. Tampoco viajé con ningún dispositivo electrónico para ver películas o series, y para sumun tampoco fui capaz de invertir todas esas horas en escribir o leer nada porque me mareaba cual niñx de excursión nada más girar el cuello. Así que cuando subía en un bus, ya fuera para una hora o para diecisiete, me sentaba en mi asiento y me ponía a mirar por la ventanilla cual pajarillo que entra en coma y se limita a ver pasar la vida sin poder intervenir.

En realidad nunca eché mucho de menos la música. A veces me acribillaba a mi misma con suspiros por no llevarla, pero en esencia disfrutaba con esas horas para divargar en mi cabeza. Me gustaba ese silencio en mis oidos combinado con el sonido de la cotidianidad de aquellos autobuses. Cada lugar tenía su cotidianidad, y a veces la cotidianidad sin cascos tiene sonidos muy divertidos. Escuchas conversaciones, música autóctona salir de la emisora del conductor, llantos de bebes, suspiros de alguna que otra vida, o los simples ronquidos de alguien que, al igual que tú, tampoco es de escuchar música pero en su caso prefiere invertir todas esas largas horas en dormir.

Fue en uno de esos largos trayectos, esta vez acompañada de Pelo Zanahoria, que al verme sin música me compartió uno de sus auriculares para amenizarme con su repertorio el trayecto de aquella tarde. Pelo Zanahoria no habla español, solo sabe decir algunas palabras o frases (algunas de mi propia enseñanza como «puto mosquito de los cojones»); pero pese a no dominar el idioma adora analizar la música latina desde un punto de vista instrumental. Es así que aveces, mucho después de volver a casa, me ha mandado canciones bajo el título «¡Mira qué canción!. No  sé muy bien que dice la letra, pero la música es increíble».

Esta canción precisamente no tiene letra, y por eso quizás a Pelo Zanahoria le gustaba tanto. 

ARTISTA

chicha-libre2Chicha libre, pese a lo que su sonido amazónico pueda sugerir, es en realidad una banda originaria de Brooklyn. Integrada por músicoxs de Francia, Estados Unidos, Venezuela y México.

Detrás de esta curiosa fusión de nacionalidades y ritmos se encuentra el melómano Olivier Conan (47), quien durante un viaje de vacaciones a Perú en 2005, el músico franco-neoyorquino (creció en París, pero vive en Estados Unidos desde 1984) se dedicó a cazar viejos discos de música criolla.  Por ese entonces Conan repartía su tiempo musical entre Bébé Eiffel (una banda de rock en francés) y Las Rubias del Norte (un grupo de versiones atemporales de canciones latinoamericanas), y su tiempo de empresario entre el bar Barbès de Brooklyn (del cual es copropietario junto a Vincent Douglas, también de Bébé Eiffel y de Chicha Libre) y el sello Barbès, creado para editar a los grupos que se presentaban en la pequeña sala del fondo del bar y cuyo catálogo constaba por entonces de un par de discos.

Pero todo estaba por cambiar. En Perú descubrió un sonido nuevo en las radios portátiles de los vendedores callejeros y los discos de Juaneco y su Combo y Los Mirlos que le mostraban los coleccionistas. Era chicha, la variante de la cCumbia creada a finales de los sesenta en el Amazonas peruano, combinando el género afrocolombiano con rock, guitarras surf, psicodelia y melodías andinas. Un mundo perdido de discos por descubrir.

De vuelta en Brooklyn con su tesoro de discos, Conan inició el largo camino de lanzar una compilación de chicha a través de su sello (esa música nunca había sido editada fuera de Perú y muchos de los sellos originales ya no existían). También le mostró los discos a su socio musical y financiero. Ambos coincidieron en que tenían que tratar de reproducir esos extraños sonidos cuanto antes.

Chicha Libre comenzó como algo informal: amigos músicos que se juntaban a aprender un estilo creado a 5.000 kilómetros de ahí. Pero un par de años después, para cuando Conan había completado la casi imposible tarea de conseguir a distancia los permisos para publicar las 17 canciones de The Roots of Chicha, Chicha Libre ya era una banda real,  y estaba lista para grabar su primer disco.

El impacto de The Roots of Chicha, publicado en septiembre de 2007, sorprendió a todos, pero a nadie más que al propio Conan. Por el solo hecho de que la compilación hubiese sido publicada en Nueva York y recibido buenas críticas, los viejos músicos de chicha pasaron de la noche a la mañana a ser mirados con otros ojos: de exponentes de un género asociado a las clases bajas a embajadores de lo moderno.

“Cuando vamos a Bogotá o Buenos Aires, no nos tratan como gringos”, señala Conan en una mesa de su bar. “Nos tratan como una de las nuevas bandas de cumbia. Los únicos que nos tratan como gringos son los críticos británicos. ¡Que se jodan! Ya sabes, ese tipo de gente que piensa que somos demasiado blancos para tocar cumbia”, agrega, mientras el otro líder creativo de la banda, el tecladista Joshua Camp, asiente con una sonrisa. (Chicha Libre, que también integran el guitarrista Vincent Douglas, el bajista Nick Cudahy y los percusionistas Karina Colis y Neil Ochoa es, de hecho, mucho más que una “banda de gringos”: como hace notar uno de sus comunicados de prensa, el que conste de dos franceses, dos estadounidenses, una mexicana y un venezolano decididos a tocar cumbia parece más bien el inicio de un chiste que una historia de colonización musical).

Texto extraída del medio online cultural Quépasa y RollingStone / Diseño inspirado en el blog músical Mi canción de hoy

 

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