Devendra Banhart – Quédate Luna
Escuché a Devendra Banhart por pura casualidad en una lista musical aleatoria de un programa de ordenador. Desde entonces le sigo escuchando muchas mañanas nada mas darle Play a la rutina. No sabría ponerme académica en relación a su música, no sé porqué muchas de sus canciones me sacan la sonrisa del inconsciente, tiene algo que consigue alegrar los días en los que es peligroso darle a la playlist «Melancolicamente Melancolía» pese a que sea lo único que te pida el cuerpo. Quizás sea porque muchas de sus letras no las entiendo, y eso a veces es sano.
Como artista es todo un personaje. Tiene ese instinto de probar mil disciplinas, de explorar y experimentar no solo con sonidos, si no con el arte en todo su concepto. Leí en una entrevista que para él sus discos eran de grabar y tirar. Que al terminarlos no se sentía la misma persona y los miraba de otra manera, y eso, a su vez, le hacía feliz porque le estimula a seguir grabando otros discos. Confesaba que siempre iba a preferir ver el dibujo o escuchar la canción de otra persona, antes que la suya. Ese impulso, ese desapego con lo hecho pero con la curiosidad por lo futuro, esa autocrítica de que sus cosas son solo algo más, es quizás lo que lo ha llevado a moverse de ritmos e intenciones, de estar en constante creación, de pasar por variedad de estilos e influencias. Y eso quizás es lo que me atrae de su música, que está hecha sin pretensiones más allá de las momentáneas, y muchas de sus canciones tiene ese aire experimental que solo el riesgo por probar crean.
ARTISTA
Devendra Banhart es un compositor y cantante de música «altamente difícil de catalogar» puesto que lo sitúan en estilos que pasan de fusiones a reducciones de Folk, Bluegrass, Rock psicodélico, Latina, LO-FI, y la llamada reactualización Trovadoresca. La wikipedia define su música como simples melodías de guitarra con un acompañamiento mínimo de otros instrumentos como parte de su sello de identidad. Sus letras son generalmente surrealistas y naturalistas y existen en su lírica un sinnúmero de referencias hacia escenas bucólicas, mantras y escenas populares. Todas depuradas por una ambigüedad, que va de la ingenuidad neohippie a la ironía postmoderna en la que se le sitúa.
Devendra nació en Houston (Texas) en 1981 pero su infancia la pasó en Venezuela, país de origen de su madre. Allí conoció la cultura, el idioma y nuevos estilos musicales; un sin fín de influencias con tintes latinoamericanos de los que da muestra a través de su música poco clasificable.
A los 14 años se mudó a Los Ángeles con su familia y a los 19 años, decepcionado de sus obligaciones académicas y las restricciones del medio artístico, abandonó la escuela de arte, cogió las maletas y se fue a tocar a las calles de París. Tocó en bares de mala muerte, se sometió a la soledad, fue vapuleado por la realidad y hasta estuvo al borde de quedarse sin donde dormir; un cóctel que lo puso al borde de la renuncia. Quien lo detuvo fue Vashti Bunyan, cantautora británica de folk que dejó su carrera en los ‘60 para vivir como una hippie, cuyas canciones le hacían sentir protegido. Por eso conversó con ella luego de un primer contacto epistolar que incluyó dos canciones, y ella lo impulsó con un “sigue adelante”.
Sus primeras grabaciones fueron hechas en un equipo grabador de cuatro pistas (four-tracks) y un contestador telefónico. En otoño del mismo año volvió a Estados Unidos comenzando su deambular artístico. Fue en esa época que se embarcó en su primera grabación, The Charles C. Leary, que comenzó a vender a un dólar en sus shows en directo. Uno de los compradores fue Siobhan Duffy, esposa de Michael Gira, músico y dueño de la disquera Young God Records, quien sentó las bases para su primer contrato discográfico con el que publicó sus primeros discos Oh Me Oh My, The Black Babies, Rejoicing in the Hands, Niño Rojo y Cripple Crow; de menos a más, de la solitaria guitarra a la banda completa, del trabajo doméstico y rudimentario al de estudio que consiguió meterlo en las listas Billboard y darle proyección internacional. De ahí hasta nuestros días.
Entre las curiosidades de este artista, más allá de su propia música, destacan desde su nombre Devendra, que encuentra su origen en la mitología hindú que significa Indra, el dios del cielo, relámpago, trueno y lluvia. Como su segundo nombre Obie, como Wan Kenobi, el maestro jedi espectral que sus padres vieron en el cine cuando se estrenó La guerra de las Galaxias:El Imperio Contraataca apenas 13 días antes de que él naciera el 30 de mayo de 1981. Lleva tatuada la saga de George Lucas en sí mismo.
Entre otras muchas curiosidades se citan su particular necesidad inicial de que no podía terminar una canción si no la dibujaba. Su necesidad de darle una forma al sonido se combinaba con el deseo de dejar huella, que su música no fuera algo solo para consumir. Nunca ha dejado de pintar, y sus trabajos pictóricos —siempre entre lo naif, lo surrealista y la psicodelia— no solo identifican sus discos y llenan libros, sino que también han sido expuestos en museos como el SFMoMA, en la feria de arte contemporáneo Art Basel, en ARCO, e incluso junto a Yoko Ono en “Water Piece”.
Texto extraída del medio online cultural cultural El estímulo y Wikipedia | Diseño inspirado en el blog músical Mi canción de hoy.
LETRA
Yo no he tomado, pero me voy a tomar un traguito ahora. Y sé que lo que más espero, lo más que se me enamora. Tres, siete, diez , ya no me ves, pero se aleja. Digo tu nombre, ya saberás quien es. Soy el perro a tus pies, que te muerde la costilla. Las estrellas brillan y la luna se sienta en su silla. ¿Qué tomas lunita y por qué estás tan amarilla? Bueno, ya estoy cansada y mis hijas ya me dicen viejita. El pelo está seco y mi piel ya no brilla, pero el mundo es tuyo, esta noche eres mía. Así qué, quédate, quédate luna. Quédate, quédate luna. Quédate, quédate luna. Quédate, quédate luna. Mira a Dios en el aire, mira a Dios en el mar. Yo te doy toda mi vida para oírte cantar. Oye a Dios en el viento, prueba a Dios en la miel. Dios vive afuera y adentro también. Dímelo, dímelo Luna. Dímelo, dímelo Luna. Dímelo, dímelo Luna. Dímelo, dímelo Luna. Dímelo, dímelo Luna. Dímelo, dímelo Luna. Dímelo, dímelo Luna. Dímelo, dímelo Luna. Yo no he tomado, pero me voy a tomar un traguito ahora. Y sé que lo que más espero, lo más que se me enamora.