El monstruo de las galletas
En el país de Nunca Jamás lo más temido son los piratas y el cocodrilo que se acerca con el susurrante tic-tac. En algunos armarios, por el contrario, el protagonista más temido es un tímido monstruo que habita allí escondido, aunque hay otros monstruos que prefieren esconderse en la cocina para así devorar galletas.
Por mi parte, siempre sospeché que había una gran serpiente debajo de mi cama, y conozco a más de uno que el hombre del saco fue su mayor perdición. Lxs más glotones probablemente habrán crecido con temor a tener un criadero de lombrices por zampar chocolate, y otrxs con tener montones de chicles pegados en el estómago. Hay quien, incluso, seguro ponía los ojos como platos en cuanto se apagaba la luz, y daba igual tener súper poderes o espadas mágicas, porque en la oscuridad nos achatábamos muchos.
Supongo que cada cultura tendrá sus pequeños y temibles monstruos, y es con, y únicamente, esos con los que todo niño y toda niña debería crecer. Porque el país de Nunca Jamás puede ser un lugar añorado cuando somos grandes pero no deberíamos consentir que para ningún niño sea un lugar desconocido.
Dedicado a los niños de la estación de trenes de Howrah, en Calcuta, que no conocían el deslumbrante mundo de Nunca Jamás y que me hubiera encantado decirles como Campanilla eso de “gira en la segunda estrella a la derecha».
Pd, esas fueron las palabras con las que hace unos años puse punto final, como dedicatoria, a un largo trabajo que llevaba por título: La Infancia olvidada de la India. El trabajo infantil: contextualización, análisis y políticas de lucha. Hoy es el Día Universal del Niñx y, de alguna u otra manera, se hace importante rescatarlas. A esa dedicatoria sumaría ahora a Bismark y a otrxs muchxs más pequeñajxs, de allí, de aquí y de muchos sitios, que rebosan en mi mochila y en mi baúl con percepción de pequeñxs adultxs, con suspiros y miradas de adultxs, pero con los pies demasiado pequeños para cargar algo más allá que sus diminutos cuerpos.

El miedo es un factor condicionante para el ser humano. Es el segundo después del amor y diría que el más fuerte, respondiendo a la necesidad vital de la supervivencia.
Los egipcios inventaban maldiciones de momias que se levantarían en busca de venganza si alguien entraba a llevarse el oro de sus tumbas. Hace 100 años, habían historias de fantasmas que evitaban que la gente fuera a donde no tenía que ir.
Los humanos tenemos la necesidad de temer, e incluso de odiar algo, ya que el temor y el odio van de la mano. Así que personificamos el temor-odio en un elemento sólido. De ahí que exista la figura del demonio, sustituido a veces por los comunistas, el «fascismo», el «patriarcado», los «pro-etarras», etc. Siempre hay un monstruo que representa todo lo opuesto.
Algún día nos entenderemos a nosotros mismos y dejaremos de ver monstruos reflejados en la pared, que sólo somos nosotros mismos en nuestro egoísmo.
Un saludo desde Hong Kong de un viejo compañero.
Palabras que remueven… Querría leer el trabajo entero. Me lo envias?
81 páginas van para tu correo!!