Comehierba, Gacelita o León
Hace varios escritos os comenté que tenía una amiga sexóloga, casi todo el mundo que me conoce de cerca sabe que tengo una amiga sexóloga. No sé por qué lo hago, pero la nombro centenares de veces. Sé que está mal, es como alardear todo el rato, una y otra vez, de que tengo una amiga, de que más allá de que tenga una amiga, ésta es sexóloga, y encima da la sensación de que es una pedante porque siempre que la nombro lo hago al más puro estilo de cita académica. Pero es que no puedo evitarlo, ¡yo tengo una amiga sexóloga que me trastocó la cabeza por su sabiduría! ¿Cuántxs tenéis una amiga sexóloga? Imagino que pocxs, porque nunca nadie me dice yo también.
Desde el primer momento fue divertido tener una amiga aspirante a sexóloga, de aquello hace ya tres años, y ella en esas fechas estaba terminando sus estudios. Nunca había conocido a ninguna persona que se dedicara a la sexología, es pues que no es de extrañar que me fascinara tanto averiguar qué temario en concreto estudiaba una aspirante a sexóloga en clase.
Yo, por aquel entonces, soñaba con ser una femme fatale del cine clásico y que los hombres enloquecieran por prenderme el cigarro. Pero la realidad era que no fumaba y tenía asumido que si lo intentaba, con la primera calada, me podría a toser al más puro estilo “me muero” y perdería todo el glamour, o la poca dignidad que me quedaba Se podría decir pues, que pese a ser aspirante soñadora a mito erótico, mis ancestros de buena chica limitaban bastante el camino, así que al conocer a Pat, así se llama mi amiga sexóloga, pensé: “ésta es la mía para convertirme en una Leona”. Nada más lejos de la realidad.
Si alguien espera ir al sexólogx y que le dé respuestas, no debe de ir a Pat (e imagino por ente tampoco a ningún sexologx), porque Pat no da respuestas, Pat te lía la cabeza. Ella todo lo acaba mirándote a los ojos y diciéndote “¿y tú qué es lo que quieres? ¿qué sientes? ¿qué es lo que deseas?…”y de ahí no pasa, nunca pasa. Pat se queda en silencio, a ella no le incomoda el silencio, ella se pone a mojar colines en el tarro de Nutella y te echa una sonrisa que no sabes si es por la Nutella o porque sabe que a ti los silencios si te incomodan; porque con el silencio se escuchan más los crujidos de los cimientos que a modo de la peor partida de Tetrix sustentan toda la vida poco estabilizada que arrastras.
Yo, fruto de la confianza que otorga la amistad y que estuviera sentada en mi cocina y con mi Nutella, me ponía en modo defensiva y le decía: “Pat, a mí no me vengas con esas. No me mires tan fijamente, y no me preguntes como si estuviera en un psicólogo. Yo lo único que quiero es ser Leona Pat, al menos una vez en mi vida, por un día. Quiero que me enseñes, cual cursillo, a salir ahí fuera y que me respeten, que a mí los hombres no me respetan Pat, que no me ven, que yo me he pasado la vida haciendo apuntes, bizcochos de chocolate y ofreciendo Cola Cao cuando tienen un mal día. Que me crié viendo películas de Sandra Bullock y Meg Ryan, soy una hija pródiga de películas de los noventa»
A Pat le decía esto y se reía a carcajadas, mientras entre colines con Nutella balbuceaba “sabes que eres muy graciosa Amatxu”. (Amatxu significa mamá en euskera, y ese es el apodo con el que cariñosamente Pat siempre me llama porque me dice que mis lentejas y los Cola Cao que preparo son de amatxu). Yo, llegados a ese punto y en ese contexto, explotaba cual pataleta infantil y le decía: “Pero tú te estás escuchando, ¿soy graciosa? ¿Amatxu? Pat que yo no quiero ser graciosa, que yo no quiero ser amatxu, que yo quiero ser Leona, que las buenas, las graciosas y las amatxus siempre acaban comiendo ositos de chocolate en el sofá. Yo quiero que me deseen, quiero percibir que los hombres me perciben atractiva, que soy capaz de generar algún pensamiento pecamiso, al menos uno, que yo creo que castro a los hombres Pat, que ellos también me ven como su amatxu y solo quieren que haga lentejas, los apuntes, termine trabajos, consiga un favor de vida o muerte y luego, cual amatxu, me dan dos besos, un abrazo con palmadita y salen a cazar Leonas. Pat tengo que sacar las uñas, sé que me las muerdo, pero tú me entiendes.”
Pat, después de escuchar mi pasional discurso, cogía la palabra para decir aquello de: «Por favor, quítame este tarro de Nutella que no puedo parar. No entiendo cómo puedes tener el tarro en la cocina y no acabártelo. ¡Cómo puede estar tan buena!…no tengo cabeza con el chocolate. Seguro que esto no es sano». Tras esa confesión de amante profunda del chocolate, luego Pat intentaba ponerse seria por respeto a tu aparente problemática, y mirando el tarro entre la duda de mojar o no su último colín decía: “Pero que tú eres muy atractiva, yo no sé qué es lo que quieres cambiar amatxu. Todo el mundo es deseante y deseado”. Después de volver a escuchar aquel amatxu, yo le quitaba el tarro de Nutella como castigo cruel y le decía “eres una pésima sexóloga, la peor sexóloga del mundo, del Mundo Mundial» (y con el cierre del tarro de Nutella en su cara, y esa última frase de mis labios, dejaba clara mi vena de niña lectora de Manolito Gafotas).
Como por esa vía no lograba convencer a Pat opté por cambiar de estrategia. Así fue que me inventé una teoría para que ella viera el mundo desde mis ojos y que entendiera mejor que era aquello de aspirar a ser una Leona, de por qué creía que había gente que no era deseada y en que eslabón de la cadena alimenticia me encontraba yo, así todo sería más fácil. De ese modo nació la teoría de los Comehierbas, Gacelitas, Leones y Leonas.
Como ya adelanté en pasados escritos adoro confeccionar teorías, es un hobby que tengo desde pequeña. Imagino que es fruto de haberme pasado muchas más horas observando a la humanidad ligar, devorarse y consolarse, que jugando yo misma en el terreno. Mis dotes frente al cortejo -en directo- siempre han dejado mucho que desear. La realidad, como ya ha quedado confesada, es que pese a tanta sabiduría teoríca, todo ese conocimiento más que proveerme lujuriosos resultados solo ha servido para amenizar cenas con amigxs plagadas de absurdas y profundas reflexiones. He sido conocida por ilustrar teorías bajo títulos como Tener Sonrisa Panadera, Ser un Carrito Mercadona, Pertencer a la casta de Comehierbas, Tener anhelos de Empotrador, Ese es un Husky y tú quieres un perro Labrador, incluso también empleo en mi lenguaje coloquial algunas teorías prestadas como ¡Cuidado que por ahí va un Niño de las palomas! o como sigas así vas a Hacer un Miguel. Aunque aparentemente se trate de una jerga hacia los hombres, en realidad todas y cada una de esas teorías siempre han sido de empleo común, han sido comprobadas empíricamente por todos los géneros y orientaciones sexuales. Fue fruto de todas ellas que nació Comehierbas, Gacelitas y Leones o Leonas. y con ella fue con la que acudí a Pat buscando respuestas.
Una noche de pijama y ositos de chocolate, a modo de cuenta cuentos, le narré: “Erase una vez, en un lugar muy lejano, había un reino cuyos habitantes estaban divididos en dos grandes grupos. El primer grupo estaba compuesto por aquellos habitantes, chicos y chicas, que eran participes del arte del cortejo. Esos habitantes salían de fiesta, conocían gente, ligaban algunas veces, tonteaban otras muchas, se devoraban, se reproducían o no, se distanciaban, se volvían a devorar… y así, una y otra vez empezaban y terminaban hasta que un día morían cual animales en el ciclo de la vida.
En el otro grupo, el sistema era diferente. En ese grupo sus habitantes vivían a expensas de los otros en expectativas de ligar, estos no ligaban nunca. Así pues se limitaban a observar, respirar, comer palomitas, aplaudir historias ajenas, consolar a los primeros cuando sus historias salían mal o se devoraban de más, comer alioli sin preocupación, ver porno según gustos, trabajar, cantar, hacer chistes, suspirar, adaptarse… Sus habitantes, en este segundo grupo, hacían mil cosas, pero entre toda esa gran lista de cosas del día a día nunca se encontraban las actividades de ligar, ni de devorar ni ser devorado, y mucho menos expectativas reales de reproducción. Un día la Reina del reino mandó a llamar a sus consejeros y consejeras para que le ayudaran a entender el problema, quería descubrir qué estaba pasando en su mundo ¿por qué había gente que ligaba tanto y gente que no ligaba nada -pese a que muchos de este segundo grupo quizás lo deseaban-?
«Pat, imagina que es a ti a quien llama la reina, ese reino no se diferencia mucho de este mundo. Ahí fuera, (señalé hacia la ventana con mi tazón lleno de ositos de chocolate destripados en la leche caliente) hay un gran grupo de seres humanos llenos de expectativas y listones muy altos dentro de una realidad en la que no ligan. Y el problema no es que no liguen, el problema es que quizás querrían ligar y no pueden porque con las reglas que imperan en la actualidad, y el discurso tan contradictorio, muchas de esas personas se ven incapaces. Pat necesito tu sabiduría para entender eso y cambiarlo, debemos intentar hacer de este mundo un lugar más orgásmico y feliz para todos, para todos los que lo deseen”.
Fue así que le expliqué con gran detenimiento, papel y libreta incluidos, la gran teoría del ligue sobre la que se asientan las figuras de los Leones y las Leonas. A modo pizarra le desarrollé a Pat el gran análisis antropológico que durante años había hecho para poder mostrarle ahora a ella mis resultados. Es pues que le anuncié, esta vez ya de pie sobre la cama, mi tesis final: “En el mundo, y particularmente en el mundo occidental de donde extraigo la muestra de este profundo y tan poco científico estudio, se concluye que hay tres tipos de personas, -solo y únicamente tres tipos-, que se clasifican en Comehierbas, Gacelitas y Leones o Leonas. Estos tres grupos configuran la pirámide social del cortejo humano. Tú estás en uno y yo en otro completamente opuesto. Punto y final”.
Después de aquel enunciado, me recoloqué el pijama, volví a meterme bajo las mantas con miedo de no aplastar la bolsa de agua caliente, y seguí ahogando ositos de chocolate para explicarle con más precisión y calma, entre osito y osito, como funcionaba aquella pirámide social y qué seríamos cada una:
“Queda expuesto pues, que cada una de estos tres grupos está supeditada al anterior en conocimientos y destrezas conforme al ligue. Es pues que en la base estarían los habitantes Comehierbas, luego Gacelitas y finalmente en la cima pequeña y puntiaguda vivirían los Leones y Leonas.
Si la teoría fuera evolucionista, que sería lo justo para todxs, esa cima se podría alcanzar por edad, experiencia y sabiduría, con un amplio margen de tiempo para el aprendizaje. Todas y todos saldríamos de la meta en igualdad de conocimientos siendo en unanimidad unos inseguros pubertos Comehierbas. Sin embargo la naturaleza, que siempre es más cruel que justa, y no diseñó esas castas para tu bienestar emocional sino el de la especie en su conjunto, ideó que ese ritmo evolutivo sería demasiado lento para el cortejo y lo mejor era asignar roles distintos desde pubertos para que todo fuera más ágil y divertido, sobretodo divertido. Es pues que cual abejas, cada ser humano desde joven se sitúa en una casta con la suerte o la desdicha de aspirar a ser abeja reina, abeja obrera o abeja deambulante que no sabe quién es ni qué quiere.
La asignación a esa casta no es por azar, si no por el periodo de pubertad y por la infinidad de motivos que la rodean a partir de entonces. Tiene que ver mucho con la infancia, las experiencias en la adolescencia, el baúl con los miedo de cada uno, el carácter, la cultura, la educación recibida, las situaciones del propio azar,… y de ese modo es que fruto de todas esas variantes e infinidad de muchas más, las personas se configuran; ese ser humano, insignificante y maravillosa en partes iguales, pasa a llevar en la frente el cartel de Comehierba, Gacelita o Leon y leona con todo lo que ello supone.
Esta asignación puberta lleva sujeta una opción de evolución voluntaria, oseasé que puedes haber sido Comehierba y morir Comehierba, e incluso ser leoncito y morir siendo un León meneludo y desdentado sin haber vivido la experiencia de ser un Comehierba jamás; o puedes ser Comehierba y pasar a Gacelita y acabar siendo el rey León. Se puede ir subiendo en ascendente, pocos son los casos de descensión, pero como cabe esperar esa ascensión es muy difícil. Y ahí es donde entras tu Pat, yo quiero que me enseñes a ascender».
Véase a continuación una descripción detallada de cada una de las categorías:
El león y la leona. Son los reyes y las reinas del mambo, los reyes y las reinas de la jungla, el desierto, la playa o la montaña. Están en la cima de la pirámide y por tanto son un grupo reducido. Una persona no tiene cinco amigos Leones o cinco amigas Leonas, uno conoce de vista a alguno y sobre todo los siente; a los Leones y a las Leonas se les siente. Tu cuerpo los percibe. Da igual tu estado sentimental, la edad, el contexto, tu identidad sexual o demás; cuando un León o una Leona entra en un lugar el resto de seres humanos lo intuyen, lo intuyen en todos los aspectos.
Los Leones y las Leonas no son guapxs, resultan tremendamente atractivxs. La belleza es tan relativa y depende tanto de ideas ajenas a uno mismo como es la propia cultura que pierde valor el ser guapo o feo. La belleza es un estado de ánimo, te perciben como tú te percibas. Se diría pues que los Leones y las Leonas son personas muy seguras de sí mismas que desafían con su encanto, naturalidad y sexapil el control de los demás resultando tremendemente atractivxs. Si quieren cazar cazan. En realidad casi todo el mundo sueño con ser cazado alguna vez por un León o una Leona, aunque sea en una fantasía.
Los Leones y las Leonas ligan e interactúan con facilidad, se les dan bien las relaciones públicas, no porque sean dicharacherxs sino porque con la presencia coaccionan la seguridad de la otra persona así que dominan la situación e incluso pueden provocar temblores, sudores, demencia senil momentánea e incluso balbuceos. Los y las Leonas son seductores natos, jamás ceden el control si no es para jugar.
Seguro que conocéis a alguna persona que tiene esa facilidad, que llega a una fiesta y conquista, enamora y activa los deseos de las otras personas, incluidos los tuyos propios ya sea por tu propio deseo o por la propia admiración que genera ese encanto que posiblemente tu no tengas si estás leyendo este texto.
La gacelita, ¡ese aspirante a León o Leona! Las gacelitas son carne de cañón de Tinder. Están en medio de la pirámide, devoran Comehierbas, se devoran entre Gacelas, y son la carne de los Leones y las Leonas. Las Gacelitas viven a rachas, tienen rachas que se ven desbordados y rachas del más puro celibato.
Las Gacelitas tienden a vivir etapas de frustración porque viven a la sombra de los Leones y las Leonas y aspiran o sueñan ser como ellos, pero no lo son. Juegan con Leones pero el León los devora. Si el León deja de escribir por whassap, de llamar o de prestar atención, la Gecelita sufre. Si la Leona, aparece y desaparece, va pero no viene, el Gacelita sufre. Mientras que el León vive feliz cual perdiz porque se deja llevar y vive el momento sin complicarse, la Gacelita se sienta en el diván y se cuestiona: ¿Por qué no me escribe? ¿Habré dicho o hecho algo? ¿Pero si el otro día….? ¿Habrá sido adsorbida por un ovni? ¿Por qué todo me pasa a mí?…
Comehierba. Este grupo es el que más me gusta, he sido una gran Comehierbas. El Comehierba es la persona pringada de turno, aquella que tiene un historial sentimental en números rojos y que cuando sale de fiesta con los amigxs ni se molesta en preguntarse qué ropa interior ponerse. Sus aspiraciones son totalmente nulas, incluso con alcohol.
Los Comehierbas paracen vivir en standby. Viven a un ritmo mucho más lento. Observan, miran, desean, se callan, se ilusionan, se pegan un ostión, se frustran, se deprimen, de enamoran en silencio, se consuelan a través del arte que generan otros artistas Comehierbas como ellxs…; es decir, ven películas, escuchan música, escriben, leen, se relacionan en mundos emocionalmente solitarios y canalizan por otras vías frikies sus mentes forjadas en el romanticismo puritano.
Viven felices cual adolescentes pubertos perennes sintiéndose raros y evitando en todo momento preguntas del tipo ¿cuándo te vas a echar un novio o una novia? o conversaciones sexuales de alto grado, o meras experiencias locas que por el contrario sí comparten las gacelas a través de vivencias de alcohol, Tinder o desenfreno y que los Comehierbas evitan a modo de ir a fregar los platos, o jugando con el móvil. Lo divertido de los Comehierbas es que básicamente la gente ni siquiera les incomoda mucho, no les preguntan tanto, saben que un Comehierbas no liga ni queriendo.
El problema de los Comehierbas no es que sean feos o guapas, el problema es que son personas con altas dosis de idealización, emocionalmente muy serias y posiblemente con una seguridad en si mismos para ligar que brilla por su ausencia. Posiblemente se criaron viendo Titanic o Braveheart y luego la realidad actual entre Leones, Tinder y un mundo cada día más sexualizado marcan un ritmo excesivo para ellos. Los ritmos de un Comehierbas son lentos cual caracoles, pero sus caparazones protegen alta dosis de sensibilidad a las que a veces los Leones y las Leonas no están preparados a respetar.
Tras conocer la teoría, y habiéndonos devorados ya todos los ositos comidos y por comer, fue que Pat intentó hacer su análisis entre bostezos, era ya muy tarde. “A ver Amatxu, yo creo que el gran problema en sí mismo no es pertenecer a una casta ¡me encanta lo de Gacelita! El gran problema es no asumir lo que realmente una persona es, cuál es la esencia de una misma, qué quiere ser, a qué aspira, cómo se ve a sí misma siendo feliz. ¿Por qué no te gusta ser Comehierba o Gacelita? ¿Qué tiene de malo el que seas más exigente y te cueste ligar más? ¿No hay ningún pecado porque en tu historial de seducción en vez de veinte personas haya cinco, o dos, o cien, o ninguna? Cada persona puede ser muchas cosas y no siempre la misma. Por eso las preguntas siempre son: ¿Qué es lo que tú quieres? ¿Qué es lo que sientes? ¿Qué es lo que tú deseas? Mi consejo es que seas y hagas aquello que tú desees, no aspires a ser Leona si no te sale de dentro ser Leona, no te avergüences de tus lentejas o de tus deliciosos Cola Cao. Juega a ser leona cuando quieras, prueba ser Leona cualquier día, igual que a ser Gacelita o Comehierba, pero no te acomplejes si pasas más tiempo como Comehierbas que como Leona. No hay más truco que ese”. Mientras abrazaba la almohada para dormitar le dije “Pat, te odio, nunca me das respuestas, siempre preguntas, siempre preguntas. Sigo sin saber cómo ser leona…” Y elle riéndose en la oscuridad de la noche dijo eso de “Buenos noches Amatxu”. Poco más tarde para no hacerme sufrir y tener dulces sueños añadió: “Sí sabes ser leona, todo el mundo sabe ser León o Leona. Solo tienes que perder el miedo a intentarlo, a desear, a dejarte llevar. Solo hay que jugar, disfrutar con el juego sin sentir presiones. Todo es cuestión de confiar, dejarse llevar y de encontrar a alguien que sepa respetar tus ritmos al igual que tu los de esa otra persona. No hay más truco Leoncita”.
Sigo sin ser la reina del ligue, sigo siendo patética ligando, mi esencia es Comehierba con tintes de Gacelita algunos días y de pensamientos de Leona solo los días que estoy ovulando. Antes tenía la presión de no ser Leona, tenía la presión de no tener un cuerpo perfecto, de tener que ser una gran diosa del ligue, de aspirar a ser una novia perfecta, de ser una diosa en la cama –el porno pone un listón irreal y muy alto que no deja espacio para lo real, para ese instante, para preguntarse qué es lo que quieres hacer, que es lo que realmente tú deseas hacer, sentir o probar con esa otra persona. No hay espacio para la imaginación porque hay un imaginario cultural del porno con una presión hacia el orgasmo o la penetración que lo empañan todo demasiado-. Antes pensaba que yo era la rara por sentirme presionada por todo eso, pero viajando descubrí muchas cosas de mi misma que me sorprendieron a partir del instante que dejé de exigirme y empezó a reinar el caos de mis deseos.
Una noche mis compañeras de piso en Costa Rica organizaron una fiesta muy loca en mi casa, justo acababa de mudarme y no conocía a nadie. Recuerdo que ese día no me encontraba bien, y tenía ganas inmensas de meterme en la cama a contar ovejitas, pero me daba apuro irme a dormir en mi propia casa en fiesta, así que hice el amago de socializar en una casa llena de desconocidos. Recuerdo que iba medio en pijama, medio vestida en un intento de pasar desapercibida y fue en esas que llegué a la cocina en busca de una cerveza que en realidad no me apetecía.
La cocina estaba llena de gente charrando sin parar y yo, por el contrario, sin muchas ganas de comunicarme. En un comportamiento al más puro estilo Comehierbas invisible me dirigí hacia el frigo en busca de una cerveza con la que arrancarme a socializar, con la que romper la barrera de huida, cuando de repente vi el tetrabrick de leche. Cambié de planes y pensé, “¿quién me conoce? Nadie ¿Qué deseo? Un Cola Cao ¿Dónde estás? En tu casa”. Así que tras esa profunda reflexión cogí la leche, abrí mi armario con mi preciado tarro de Cola Cao allí resguardado y me hice con calentamiento de microondas incluido un tazón de Cola Cao en plena fiesta. Resultó que mi taza de Cola Cao dio mucho que hablar al chico que tenía al lado del microondas, y luego éste me presentó a sus amigos y todos juntos probaron el Cola Coa importado en mi maleta desde España. Gracias a mi instinto Comehiervas en pijama pasé una noche muy divertida y aguanté feliz hasta que a las cinco de la mañana dije oficialmente que me iba a dormir.
Durante el viaje muchos chicos me percibieron como Leona. Los hombres me percibían Leona y eso a mí me hacía mucha gracia. Era una chica sola, que viajaba sola, sin necesitar a un chico a mi lado; así que cuando llegaba a algún hostal, subía a un bus, paseaba por la ciudad o me sentaba sola a comer en una mesa y garabateaba de mientras ideas en un cuaderno la gente, y los chicos, me miraban con cierta curiosidad y mucha sorpresa. Aquella chica cargada con su mochila azul resultaba atractiva por ir sola, porque era capaz de viajar sola por Latinoamérica con la única compañía de si misma y teniendo como meta el sentir aquella aventura. Fue entonces, con sus preguntas y sus miradas de curiosidad en incluso admiración, que aprendí a mirar a los ojos sin bajar la cabeza, aprendí a desarrollar una picardía de supervivencia que me hacía detonar una seguridad que creo ya perdí de vuelta en casa.
Recuerdo que una noche en Nicaragua estuve trabajando en un hostal haciendo pizzas para ganarme la cena gratis. Uno de mis compañeros de pizzas era un argentino muy Leoncito destripador, coqueteaba con todas y cada una de las chicas que iban a pedir. En realidad creo que lo empleaba como una técnica de distracción, porque entre tonteo y tonteo con la clientela nunca metía presión en cocina pese a ir con retraso. Después de terminar de trabajar y con rumbo hacia mi habitación me siguió sin yo percatarme. Estábamos en un hostal en medio de una isla al más puro estilo selva y yo caminaba con la linterna rumbo a mi choza. Recuerdo que en esas se me acercó por detrás, me tocó el brazo y después de que yo me pegara un susto de muerte porque no lo había oído acercarse me dijo “¿Dónde vas? No te vayas aún. vente a mi habitación, te voy a descubrir cosas que ningún hombre te ha descubierto nunca. Te voy a hacer sentir una mujer” Yo empecé a reírme y le dije, “¡Ay Leoncito, eres un poco fanfarrón ¿no?! Me voy a dormir que estoy cansada y en realidad no me siente atraída por ti, pero te diré que no voy a ser más o menos mujer por estar en tus brazos, pero gracias por la invitación, es muy halagador”. Le dije aquello y aquel chico me miró cual Leona que tenía que dejar escapar con cara de sorpresa. A mí me hizo mucha gracia aquello porque jamás nunca me habían seguido, ni mucho menos propuesto algo de manera tan directa en medio de la noche selvática. Cinco minutos más tarde volví a la zona de pizzas porque me había dejado el móvil y él ya estaba con otra chica besándose rumbo a su habitación. Yo me fui a la mía sintiéndome toda una Leoncita, pero no porque me hubieran deseado si no porque había dicho aquello que deseaba sin mirar al suelo o petrificarme demasiado. Lo que deseaba no era acostarme con aquel chico.
Durante el viaje recibí el email de un amigo que empezaba así «Si alguna vez quieres seducir a algún tío durante el viaje no le hables de Pepo, en serio… corres el riesgo de que no vuelva a tener una erección jamás y se le baje toda la lívido a los talones». Pepo es mi peluche, del que algún día os hablaré más detenidatemente. Aquella noche, en aquella habitación me estaba esperando Pepo. Pepo siempre viaja en la mochila, solo a veces si el día ha sido muy duro le cedo el privilegio de ocupar espacio en mi cama y compartir almohada. Me acordé de mi amigo y pensé que quizás debería de haberle dicho que tenía un peluche en la mochila al chico argentino, pero preferí callarme y que por esa noche me viera Leoncita. No creo que sea de Leona dormir con un peluche, pero no se puede ser Leona las 24 horas del día.

