Clips

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«En Nicaragua no existen los clips, o al menos nadie pierde clips». Esa era la contundente conclusión a la que había llegado anoche después de una ardua investigación al respecto durante estas tres semanas en el país. Soy una gran buscadora de clips, sabía lo que afirmaba.

Hace más de un año, en una fiesta en Bilbao, entre zuritos me relataron una curiosa historia acerca de los clips. Ante puesta con un bello Eráse una vez… me contaron que si alguna vez me encontraba con un clip errante por la calle, en un bar, en un pub, en la panadería, por la cocina,…; por cualquier sitio que no fuera el hábitat natural de un clip, este fortuito encuentro debía interpretarlo como señal de que iba por el buen camino. Los clips, según me ejemplificaron, sirven para unir cosas: unen papeles, facturas, escritos que dan lugar a cuentos, unen dibujos, calificaciones, cartas, e incluso papeles que ni siquiera contienen nada. «Lo mismo sucede con uno mismo, si te encuentras un clip es porque en ese instante solapas dos partes de tu vida que tenían que unirse. Es señal de que vas por el buen camino, por tu propio camino. Tenias que llegar hasta ahí». Desde ese momento empecé a detectar clips. Esos minialambres que siempre habían pasado desapercibidos empezaron a toparse en mi camino. 

Es divertido, en esta nueva era de descreencias y de raciocinio, sentir la cara ilusoria que pones cuando de repente te topas con el Dios-Diosa Clip. Me he encontrado con divertidos clips desde entonces: al volver de fiesta en el portal de casa, me encontré uno por el puente Euskalduna paseando una mañana de domingo después de meditar arduamente esa noche que había llegado la hora de volver a casa y dejar Bilbao. E incluso, en el ranking del todopoderoso Milagro del Clip, cabe destacar que me topé con un pequeño clip color azul a dos metros escasos de la entrada del lugar de practicas en Costa Rica en mi primer día de trabajo, y otro en la propia puerta del que sería mi hogar adoptivo en San José el día que fui a visitar aquella casa en alquiler.

Aunque por fuera aparentes ser un individuo fuerte eindependiente, y ocultes con verdadero estilo los momentos en los que te duele la panza de nervios ante lo desconocido y las indecisiones, toparte en esos instantes con el Dios-Diosa Clip alivia bastante, le quita trabajo al solitario Dios-Diosa de la Almohada.

No obstante, lo que pasó en Costa Rica fue un claro ejemplo de paranormalidad, la evidencia empírica de que la Teoría del Cilp posee milagros propios cual Lourdes. En Bilbao me había encontrado con una cantidad considerable de clips, los cuales se fueron acumulando en un tarrillo de yogur de cristal junto a los rotuladores de mi habitación. En Bilbao era muy feliz, y por entonces vivía cerca de una zona universitaria rodeada de papelerías lo cual, asumo, incrementaba las posibilidades de encuentro de esos minialambres une papeles. Sin embargo, en Costa Rica los hallazgos llegaron a una situación alarmante. Durante los cuatro primeros meses me encontraba clips por todos sitios Si íbamos paseando por un parque me encontraba un clip, salia del trabajo me encontraba un clip, íbamos al mercado me encontraba un clip, ibas bordeando la vía del tren y milagrosamente entre las maderas, ahí resguardado, me esperaba un clip. Era sin lugar a dudas el país de los clips.

Con el entusiasmo del que cree estar viviendo un momento de claro carácter surrealista empecé a contarle la Teoría del Clip a todas las personas que me rodeaban. Llegaba a casa con un clip y lo chillaba a los cuatro vientos a mis compañeras de piso, llegaba al trabajo con un clip y lo guardaba en el estuche de los Clips Errantes no sin antes anunciarlo a mis compañer@s de la oficina; y así, poco a poco, y sin razón alguna, en cuestión de semanas fui dejando de encontrarme clips.

No sé si mis compañer@s empezaron a robarme todos los clips. Demasiados adeptos repentidos a l a búsqueda del Dios-Diosa Clip en una misma zona puede derivar en escasez de clips. O quizás, simplemente, fue esa la señal que necesitaba para empezar a llenar mi mochila azul y continuar el viaje rumbo a la búsqueda de nuevos clips. 

Hoy iba paseando por el mercado de Masaya cuando de repente me he encontrado con él, con el Clip. Cobijado entre el resguardo de dos baldosas de la acera junto a un puesto de piñas y mangos estaba mi clip nicaragüense. Lo he cogido entre carcajadas, dado que estoy feliz ya había dado por supuesto que en Nicaragua no existían los clips. Lo he guardado cual tesoro en la cartera, íbamos corriendo a coger el bus. Mas tarde, ya sentados, se lo he enseñado a Ánder, y con una sonrisa de oreja a oreja le he dicho: «Mira, por fin lo encontré. Me he encontrado un clip, y no es un clip simple, este es de los de color amarillo y tamaño gigante».