Seguro médico

Dibujo chica cartel con Gracias. Agradecimiento. Seguro médico. Una maleta de pulgas

Seguro médico

Estoy cansada, mi cuerpo está muy cansado. Creo que necesita que lo pare y lo mime un poco, que lo mime con cariño. Lleva varias semanas pidiéndomelo con pequeños susurros, pero yo entre caricias que solo buscan distraerlo solo he sabido suplicarle y decirle :»queda muy poco, llegamos a Buenos Aires y luego casa; pero no me falles cuerpecito, aún no». Nunca lo había escuchado mucho, siempre viví bajo un aire de cierta inmortalidad, con retiros febriles ante hundimientos catastróficos con una periodicidad casi de años bisiestos. Pero cuando viajas en solitario, en soledad con tu cuerpo, sin seguro médico y tan lejos de toda persona que con cariño te pondría paños de agua fría si los necesitaras a media noche, de repente, en medio de la inmensidad del camino, asumes lo sumamente vulnerable que estás y empiezas a escucharlo con mayor atención.

Soy consciente de que viajar sin seguro médico no es algo que sea aconsejable hacer, no ha sido una decisión de la que me enorgullezca, mi familia ha supuesto, hasta estas letras, que lo tenía. Cuando terminé de trabajar en Costa Rica también terminó toda mi protección como ciudadana del mundo. Busqué varios seguros con la idea de viajar solo un par de meses, pero el presupuesto superaba con creces mis ahorros y la decisión quedaba una y otra vez postergada ante el sueño de encontrar una gran oferta. Un seguro médico de carácter internacional para seis meses podía rondar los 800-1200 euros. Pensé en acortar el viaje a un par de semanas, hubiera sido lo sensato quizás, pero una vez en ruta, de repente, el seguro empezó a perder importancia y por el contrario Latinoamérica se fue abriendo paso.

Una noche, a poco más de un mes de empezar el viaje, al comentar mi incertidumbre de estar viajando sin seguro médico obtuve, en voz y carcajadas de un guatemalteco, la respuesta que en cierta medida fue la impulsora de que mi aventura continuara: «mira a tu alrededor, ¿tu piensas que alguna de las personas de este pueblo tiene un seguro de sanidad? Todas estas personas jamás podrían permitirse un seguro, y tampoco tienen una sanidad pública que no implique kilómetros de carretera, horas de cola y plegarias de por medio si tuvieran que adquirir un medicamento. Si te pasa algo, serás una más, la propia gente te cuidará, somos humanos, lo harían con medicamentos o medicinas del campo, pero te cuidarían; es gente buena y también muy sabia, no estarías sola, tranquilízate por eso». Retuve su consejo y proseguí aventura, lo hice más tranquila, pero con la plegaria inconsciente de no ponerme enferma, al menos no muy enferma.

Durante estos más de seis meses no me he puesto muy enferma, mi cuerpo ha respondido muy bien para lo poco que lo he mimado. He tenido un poco de fiebre dos tardes, algunos mocos de más; mi estómago se hinchó durante unas semanas e hizo ruidos extraños haciéndome sospechar que tenía una anaconda dentro. Me salió una erupción de granitos en el culo por alguna alergia alimenticia; un día me dio mal de altura y creí que mi cabeza estaba a punto de estallar; una noche una manada de mosquitos me devoraron sin contemplaciones y mi cuerpo se llenó de sarpullidos,… Todo vino, e igual que vino se fue. Pero confieso que en cada uno de esos traspiés he dado gracias con un suspiro al Universo, al Dios o Diosa clip y a la Pachamama por no haberme dejado caer con todas sus consecuencias. Nunca había sido tan agradecida espiritualmente, pero tampoco me había sentido nunca tan sumamente frágil y vulnerable como lo he hecho en este viaje a diez mil kilómetros de casa.

Cuando estaba en Guatemala me sorprendió sobremanera el fervor religioso, Latinoamérica en general es muy religiosa, pero Guatemala me dejó sumida en una sensación de perplejidad. Para mí, crecida en un entorno mucho más agnóstico, todo lo que me rodeaba me resultaba en cierta manera escandaloso por el grado pasional. En varios pueblecitos se podía ver todo lleno de carteles con mensajes moralizadores; en algunas casas las emisoras religiosas, a todo volumen, eran desde primera hora de la mañana el sonido de acompañamiento musical; al igual que en los coches, comercios o taxis. Podías encontrarte algún efusivo predicador en el mercado o paseando por la calle; del mismo modo que en plena oscuridad de la tarde, cuando todo parecía conducir a resguardarse en el hogar, muchos locales estaban llenos de feligreses cantando o adorando a alguna señora que se encontraba inmersa en algún exorcismo.

Guatemala no tiene religión oficial, la Constitución Política de 1985 declaró que el país era un estado laico. Gran parte de su población es indígena y rural, un pueblo que está muy vinculado a sus orígenes mayas que de por sí tenían una espiritualidad propia y de contacto muy fuerte con la naturaleza. Es por eso que bajo el contexto de ser un país que enamora de manera muy directa a los ojos por lo resguardada y protegida que aún se percibe su cultura a través de costumbres, vestimentas, idiomas y comida, es tan llamativa la manera tan ferviente en que la religión evangelista, católica o protestante ha encontrado cabida en la población en los últimos años.

Me gustan las religiones, otorgan a las sociedades gran parte de su esencia. Como si de pequeños cuentos o fábulas se trataran han dado respuesta a las inquietudes del ser humano desde siglos atrás de maneras muy diferentes pero similares en lo esencial. Me gusta la paz que se respira en los templos sagrados, tienen una halo de silencio, misterio y magia que me fascina. Durante este viaje, cada vez que me sentía cansada y necesitaba situarme en una ciudad buscaba una iglesia, entraba en su interior, me sentaba en el último banco y, en el silencio del lugar, pensaba adónde ir mientras consultaba el mapa. Era el lugar donde sabía que nadie me molestaría, me sentía segura y podía en cierta manera descansar y tomar aire lejos del caos que muchas veces presenta el exterior. Me gustan las religiones, las respeto mucho, pero me aterra cuando el ser humano necesita de ellas para sobrevivir.

El ser agnóstico o ateo es un cuestionamiento que parece que solo las sociedades del bienestar se pueden permitir; solo cuando tienes un estado que te protege y te garantiza una educación pública para tus hijos, una sanidad pública, una paga de desempleo, de discapacidad, de jubilación…; cuando tienes un Estado fuerte es mucho más sencillo cuestionarse la presencia de un dios y asumir el devenir de uno mismo bajo su propio control. Cuando no existe eso, cuando cada día supone una lucha por la mera subsistencia, el dolor de estómago debe ser tan intenso que si bien Dios no existiera lo haría quizás el alcohol. Es aterrador vivir en la cuerda floja, levantarte cada día y rezar por no ponerte mala, porque si lo haces, si tuvieras una pequeña caída y necesitaras una escayola o una pequeña operación para devolver tu huesecillo a su sitio, en muchos lugares del mundo no tienes una sanidad pública a la que acudir si no es con un presupuesto previo.

Adoro Latinoamérica, vibra y rebosa vida. Durante un año ha sido mi hogar y me ha cuidado y mimado hasta límites que jamás pensé que fuera posible. Su gente es maravillosa, el ser humano es hermoso; lo descubres cuando te ves sola en un autobús y una señora se te acerca a colmarte el oído de consejos, te ofrece comida o te devuelve una sonrisa inmensa con cada una de tus preguntas. Estoy tremendamente agradecida a cada una de las personas que me he topado en el camino, a lxs amigxs que he conocido y a lxs que ya tenía y me han vuelto a mimar con cariño. He compartido sábanas limpias, devorado desayunos y puesto lavadoras en muchas casas; he recibido bienvenidas que te obligan a pegar saltos de alegría y despedidas con abrazos que acaban en palmadita porque si duran unos segundos más acabarían en lágrimas. Mucha gente me ha cuidado, me ha cuidado en los días en los que yo irradiaba felicidad y en los que era un pequeño ovillo sin fuerzas, lleno de suspiros. A todas ellas les estoy infinitamente agradecida, y siento un profundo sentimiento de cariño hacia ellas, les quiero porque me han cuidado tanto que no he necesitado un seguro médico, porque sé que si hubiera estado enferma alguna de ellas habría aparecido, ¡solo habría tenido que pedirle al universo y allí habrían estado!, pero pese a todo ese cariño me siento cansada.

Anhelo volver a casa para dejar de rezar. Anhelo que me duela la panza y poder ir al médicx de cabecera. Anhelo esa sensación de seguridad, de que por muchos imprevistos que la vida te otorgue, aunque un elefante se balanceara sobre tu tela de araña, siempre hay una pequeña madeja que te ofrece el Estado.  Me gusta esa sensación, me gusta la idea de pensar que si tuviera un hijx podría ir a un colegio público y sería un buen colegio. Anhelo salir a pasear al caer la noche, disfrutar de pasear por una ciudad en el silencio que otorga la luna y las pisadas de los pies sin temor más allá de una muy mala suerte. Echo de menos dejar de ser una heroína, dejar de ser esa chica que viaja sola y a la que todo el mundo se sorprende porque no le haya pasado aún nada, solo quiero ser una más; una chica libre que hace lo que se la repanpinfla sin sentir que te estás jugando la vida si no vas acompañada de un hombre que te proteja. Anhelo esa sociedad en la que la gente es religiosa por placer, por su propio deseo interno, pero no por un miedo innato al mero hecho de sobrevivir. Y esa sociedad no es mejor que ninguna de Latinoamérica, no hay gente más sabia, ni más desarrollada, simplemente está llena de personas que han tenido la fortuna de nacer en un país con un Estado más fuerte repleto de clase media

Guatemala no es un país pobre; de hecho, es la primera economía de América Central pese a salir de un conflicto reciente. El problema de Guatemala es que es un país en el que no existe la clase media; un mínimo porcentaje, constituido por unas cuantas familias muy ricas, concentran toda la riqueza nacional, mientras que el resto se limita  a sobrevivir. Cerca de un 53% de la población total vive por debajo de los límites de pobreza —dos dólares diarios, según el estándar establecido por Naciones Unidas-, y es sobre ese contexto sobre el que se sitúa su inestabilidad política, y sin política no hay derechos sociales y sin derechos sociales gran parte de su población apenas puede salir a luchar porque se limita a sobrevivir, que ya es mucho.

Cada pueblo tiene una política y se nota al cruzar una frontera, sé en qué país tendría atención médica de urgencia y en que país necesitaría la tarjeta de crédito para cualquier urgencia. Los pueblos eligen a sus gobernantes, pero a veces lxs gobernantes no protegen a sus pueblos y sin saber por qué los pueblos se conforman. Desde España muchas veces los titulares entorno a los gobiernos de Latinoamérica se circunden al más puro estilo Star Wars, entre el Bien y el Mal, pero en realidad todo es mucho más complejo de lo que parece y nadie es tan bueno ni tan malo, ni siquiera Maduro.

Llego a casa mañana, mi vuelo sale en apenas unas horas. Llego a casa después de un año, después de más de seis meses de camino y lo hago con el pasaporte lleno de sellos y los pies llenos de durezas. Ha sido un viaje increible, nunca me imaginé haciendo este viaje, fue una improvisación que ha salido mágicamente bien. Hay miles de historias que contar y quizás tendré que seguir haciendolo por aquí, ya veremos. Mañana me espera mi familia en el aeropuerto para llevarme de vuelta a casa ¡y encerrarme con llave! Les echo de menos, tengo muchas ganas de volver a casa, de volver y ver a muchxs de los que leeis este blog y abrazaros. MI cuerpo llega anhelando mi cama, anhelando pasar una tarde en el sofá y ver películas sin parar, de pegarse un buen baño y echarse mucha crema sobre la piel agrietada por el sol. Es curioso preguntar a cualquier aventurerx que echa de menos, ¡las listas son divertidas!  Yo no sé qué echo más de menos, está tan cerca la vuelta que ya perdió la magia la lista de deseos, todo está demasiado al alcance.s eNo sé si soy la misma con el pelo un poco más largo o si he cambiado mucho, solo sé que soy afortunada porque pertenezco a esa clase social en la que puedo comprarme un billete a casa y volver en navidad, hay muchxs por aquí que están esperando si la lotería les compra el billete o si siguen con el plan inicial de organizar nochebuena con el jamón, el queso y el turrón recibido de casa. Vuelvo a casa teniendo una casa, una familia, una cama y un carrito de la compra con opción a llenarlo; vuelvo anunciando por el whassap familiar ¡qué soy comunista!, quizás mañana cambie, no lo sé. Vuelvo y me están esperando y eso es lo más hermoso. Pero desde la distancia, si tengo que cerrar con algunas palabras esta aventura es con un agradecimiento especial a todxs aquellos que ayer votaron con miras a proteger lo social; yo no pude hacerlo (si eres viajera internacional no hay modo humano de poder votar según la ley electoral en las elecciones nacionales de tu país). A las personas que votaron a la derecha también las quiero, llevo regalitos y alfajores en la mochila para todos los colores; pero más allá de eso, de veras que mil gracias, porque si algo he aprendido en el viaje es a valorar lo público por encima de lo privado. ¡Nos vemos en casa, hay alfajores para todxs!

Dibujo chica cartel con Gracias. Agradecimiento. Seguro médico. Una maleta de pulgas

Desamor. Hacer una Robertada

Dibujo texto Hacer una robertada. Una profesora pregunta ante sus alumnos a quién no le han roto el corazón.

Desamor. Hacer una Robertada

Una de mis mejores amigas es, entre muchas increíbles cosas, sexóloga. La conocí en Bilbao por azares del destino. Éramos compañeras de clase, vecinas y ambas amábamos cantar a gritos, y sin entonación alguna, las canciones de Juan Luis Guerra cuando algún día subíamos en su coche -el huevito-. En realidad, no fue hasta un año más tarde, cuando acabó el curso y todo el mundo emigró, que de repente nos hicimos muy muy amigas. Creo que nuestra amistad nació una tarde de septiembre tras la presentación de una tesina y una alocada sobremesa de pacharán, un licor típico del norte de España. Esa tarde, de involuntario encuentro en la cocina, estuvo plagada de grandes confesiones y un final apoteósico de mi misma tirada en el suelo de mi habitación cual cucaracha inmóvil patas arriba. No obstante, sea cual fuera el origen exacto de nuestra bonita amistad, lo que es importante que sepan es que algún día seremos dictadoras de un país increíblemente feliz, y eso es un propósito que creo que cabe adelantar por escrito.

Es divertido tener una amiga sexóloga, más aún si es ella y se rige por una directriz basada en el deseo, la magia y el surrealismo que le caracterizan a ella, y a cualquiera que se le acerque un poco. A su lado la locura cobra vida, todo es absolutamente posible, y ese espíritu es contagioso, incluso en una mente tan racional como lo era la mía por aquel entonces. Con ella podías pasarte el día hablando de su trabajo y resultaba fascinante, porque su trabajo no era ser asesora porno, si no abordar el sexo, el deseo, el amor y también el desamor desde cientos de miradas distintas. Cuando digo distintas es porque para ella nada está cerrado, nada está bien o está mal, todo depende de cada cual y eso es un abanico muy amplio. Todo depende de lo que tú deseas, y saber lo que uno desea siempre es lo más difícil.

Una de las cosas que más anhelo de ella en la distancia es debatir las decenas de teorías sobre el cortejo que mi cabeza va forjando cada día. Vivir nómada entre hostels y autobuses te permite vivir y observar un horizonte treméndamente nuevo, un mundo que cambia con cada frontera y con tus propias hormonas. Para ella todo es mucho más mágico y puro de lo cínica que es mi mente, así que aunque posiblemente no coincidiríamos y se echaría a reír de muchas de mis locas teorías, lo que echo de menos es poder destriparlas junto a sus infinitos puntos de vista e intentar convencernos la una la otra hasta bien entrada la noche, o quizás el desayuno.

Pat, así se llama esta amiga, siempre ha defendido, entre colines de nutella sentada en la cocina, una perspectiva ante el enamoramiento que yo al principio rechazaba pero que he acabado entendiendo. Según ella lo que enamora al ser humano es la vulnerabilidad, el mostrar y conocer lo más intimo de unx mismx, el tener acceso a ese baúl repleto de listas de películas favoritas y de cientos de pequeñas cosas sin aparente importancia que cada cual resguarda como un tesoro. Al fin y al cabo es nuestro pequeño, desastroso y mágico baúl, contenedor de lo más puro e inocente de unx mismx.  Como si fuera un pequeño diario está lleno de intensos y detallados recuerdos; momentos de amor, ira, desilusión, alegría, y también entre todos esos huecos hay muchos muchos miedos. Todo el mundo tiene un pequeño gran baúl, aunque no lo veamos e incluso nos cueste creerlo.

De repente un día llega alguien a quien, ni saber cómo ni por qué, le dejamos acceso a ese bául. Le dejamos que poco a poco entre a merodear en su interior, que entrevea todo lo que hemos ido resguardando silenciosa y meticulosamente en él. Toda nuestra debilidad poco a poco queda al descubierto, dejamos entrever toda nuestra desnudez, nos mostramos tal cual somos, repletos de cariñosas y humanas imperfecciones que nos llenan de encanto y también de suspiros; y así, cual milagro, nos enamoramos. El enamoramiento no es otra cosa que compartir y trastear baúles.

Lo interesante de esa perspectiva, otro colín de nutella, es que si bien lo que enamora es la vulnerabilidad, mostrar ese baúl no es fácil e ahí el gran problema de lxs enamoradxs. Ese pequeño baúl contiene toda tu debilidad, en el están guardadas todas las ganas de llamar a esa persona, todas las ilusiones, todo el orgullo, todo los impulsos reprimidos, los rollos de papel (en todos los sentidos), las cientos o incluso miles de suposiciones que el cerebro divaga sin tu consentimiento, y por supuesto, todos tus miedos, arrepentimientos y finales alternativos que tus hormonas, y también esa idealización romántica cultural, han decido construir en tu cabeza. Todo eso está dentro de ese baúl, y como si fuera un caos que no sabemos controlar, que nadie nos ha enseñado a controlar, de repente, al vernos plagados de toda esa inseguridad decidimos tapar el baúl a cal y canto y protegerlo con muchos candados para que nadie vea lo frágiles y humanos que somos. Nos limitamos a sobrevivir y retrocedemos a nuestro estado de tranquila seguridad.

Nadie quiere que le rechacen, que le rompan el corazón, porque si bien una gripe se pasa en una semana, los corazones rotos necesitan de mucho más reposo y chocolates calientes. Dicen que cuando unx se enamora las partes del cerebro que se activan están muy relacionadas al área de recompensa, dependencia y adicción, muy similares a las partes que se activan en una persona adicta a la cocaína. Es pues, que si alguien sufre un desamor muy intenso el mono es similarmente doloroso y sobrellevarlo no es fácil. Hay quien al caer se levanta muy rápido porque por experiencias anteriores sabe cómo actuar, sabe lo que sentirá y que debe hacer para seguir adelante, se conoce a si mismx de tal manera que sabe que solo será un bache pasajero pese a la tristeza. Pero hay quien al caer su baúl está mucho menos equipado de experiencias y las heridas parecen enquistarse mucho más profundo.

http://https://www.youtube.com/watch?v=nW5f8LegIqU

En este vídeo Helen Fisher, una antropóloga, bióloga y famosa investigadora del comportamiento humano, hace un estudio vinculado al Amor Romántico desde un punto de vista científico.

Pat me contó esa metáfora en aquella cocina de Bilbao, y por azares del destino yo he vuelto a contarla durante este viaje en varias ocasiones. Si algo es universal es el amor, y más universal que el amor es el miedo al amor y los corazones rotos; y de eso, hay mucho en muchas de las mochilas que me ido topando en esta loca aventura. La pregunta que sigue a este cuento es siempre la misma, ¿cómo puede un ser humano conocer el amor si no se entrega a él? Si no se abre ese baúl, ¿cómo se puede crear un vínculo con otro ser humano? Es totalmente sensato protegerse, tener miedo, dudar e incluso coger la mochila e irse; pero más allá de ahí, quizás también deberíamos sentirnos orgullosos de ese sentimiento y no mitigarlo tanto, después de todo el amor surge de la vulnerabilidad, de la vulnerabilidad de ser fuerte. Estar dispuestxs a arriesgarnos y no esconder nuestra fragilidad nos convierte en alguien fuerte, alguien de quien nos deberíamos sentir muy orgullosxs.

Durante ese segundo, largo y muy lluvioso invierno que pasamos en esa cocina, una noche de manta, crema de calabacín y bolsa de agua caliente ideamos una teoría al respecto de los miedos que bautizamos bajo el nombre de Robertada, en honor a su inspirador, el maravilloso Roberto Benigni. Para quienes no conozcan a Roberto, cabe presentarlo como un actor y director de cine italiano de mediana edad, que pese al imaginario de dandy italiano él, en particular, se vio extinto de ese gen nacional. Roberto no entra bajo los cánones de belleza marcados por Martini o Calvin Klein, más bien entraría en la categoría de tirillas; no es alto, es medio calvo y nada en su físico resulta exuberante; pero pese a ese conjunto tan cotidiano y tan real que parece no merecer halagos, tiene magia, posee un modo de percibir el mundo que lo confieren en alguien muy atractivo. No sé como será Roberto en su día a día desayunando, pero para nosotras Roberto y sus películas La Vida es Bella o El Tigra y la nieve se convirtieron en un referente para nuestra futura dictadura, porque Roberto era capaz de hacer una locura y quedarse tan pancho, y eso, para nosotras, era una señal de que «el gran maestro Roberto» debía guiarnos en nuestro día a día cual dios o diosa clip.

Escena de la película La vida es Bella. Roberto Benigni es su máxima esencia (1997)

Hacer una Robertada es expresar tus emociones sin miedo, sin avergonzarte de ellas. No hace falta subirse a una mesa y decir «el ombligo», aunque siempre ayuda tener esa imagen de Roberto en la cabeza. Hacer una Robertada es decir todo aquello que uno piensa y siente, expresar esa vulnerabilidad sin vergüenzas, hacerlo desde el mayor de los respetos hacia unx mismx y hacia esa otra persona. No hay nada más puro y ancestral que las emociones, sentir es puramente humano y expresarlo es todo un acto de valentía. Para envalentonarse el truco está en hacerlo imaginándose que Roberto estará al otro lado cual entrenador, que estará ahí para darte una dulce palmadita después de decir aquello que te pesa tanto. Hay quien compone una canción, hace un grafity en un puente, escribe un largo email, o quien se limita a tres palabras en un mensaje. Hay quien es capaz de decir todo lo que siente con un largo café, o quien se esconde detrás de una corta llamada. Cada persona capta, interpreta y siente las cosas a su manera, en un modo curiosamente distinto a los demás; cada persona tiene su código pero, sea cual sea el código de cada unx, seguro que pensar en Roberto puede ayudar.

https://vimeo.com/20435732

Escena de la película El tigre y la Nieve del maestro Roberto Benigni (2005). En esta escena Roberto motiva a sus alumnos a enamorarse.

Las Robertadas no siempre tienen finales felices, en realidad el final es lo menos importante, lo verdaderamente importante de una Robertada es que sirva para seguir adelante, y eso implica que muchas veces una Robertada nos sirva para cerrar. El enamoramiento contiene dos únicos finales, el seguir o el detenerse, y a veces se detiene. Pat siempre explica las rupturas por medio de la regla de los tres no «no ahora, no así o no contigo», y eso, en cualquier de los tres casos, implica tener que cerrar el baúl y seguir camino. A veces somos nosotrxs mismxs quienes aplicamos esa regla, y a veces es esa otra persona la que se adelanta. A veces los cierres llegan con un abrazo, y a veces casi que con un portazo. A veces esa persona te quiere mucho, pero no entiende lo que tú necesitas; puede que te quiera muchísimo, que no pueda vivir sin ti , pero que no sepa leer el pensamiento; o puede incluso que esté muy enamorada de ti, pero que no obstante, no esté dispuestx a renunciar a su libertad; o tal vez seas tú quien no esté dispuertx a renunciar a la suya. A veces ni siquiera dio tiempo para que empezara y ya se acabó; a veces el tiempo roba la magia; a veces hay terceras personas; a veces esa persona no te quiera tanto y no tiene el valor para decírtelo, y eso implica que a veces tengas que ser tú quien sin querer tengas que cerrar el baúl para seguir adelante. A veces esa otra persona no respeta tu baúl, no es capaz de percibir lo fragil y humana que es esa pequeña caja del rincón de la habitación que tu poco a poco le estas enseñando, a veces hay personas que solo se acercan, trastean un poco y sin saber cómo ni por qué desaparecen entre silencios. Hay millones de finales diferentes, como millones de historias y seres humanos, y a veces muchos de esos finales necesitan de una Robertada.

Dicen que un corazón roto se mide por todo aquello que necesitó que le explicaran y nunca nadie le explicó. Probablemente nadie sepa y entienda todo en su totalidad, pero para cerrar muchas veces es necesario que unx mismx exprese lo que siente, de ahí la Robertada. Una Robertada no tiene fechas, conocí una Robertada que llegó doce años más tarde. Una Robertada, en esos casos, no es una declaración de amor, tampoco es una lista de reproches, simplemente es un dulce modo de defenderse y respetarse a unx mismx como único medio de cerrar y seguir camino sin piedras que pesen en la mochila. Una Robertada es decir con el corazón en la mano todo lo bueno y también todo lo malo, todo el dolor que muchas veces conllevan los cierres, todo el dolor que quizás sentiste si no respetaron tu baúl, todo el dolor que otorga la ausencia o el miedo a dar muchos pasos,… y también todo el cariño que conlleva que estés dispuesto a hacer una Robertada por esa otra persona.

Una Robertada es algo muy dulce, termina con tu nombre y una salida silenciosa, una salida cargando con cuidado tu baúl; al fin y acabo es lo más valioso que tienes, eres tú, lo más valioso de ti está ahí dentro. Y aunque quizás sueñes con que te sigan, con recibir una contestación, no lo hagas con ese fin, porque probablemente nadie saldrá tras de ti o puede quizás que no sea capaz de interpretar tu mensaje.

http://https://www.youtube.com/watch?v=O_d39aUXa2o

Isabel Coixet, en su película Cosas que nunca te dije, retrata una preciosa y triste Robertada. En ella la protagonista le manda un video a su expareja explicándole como se siente días después de que él le comunicara que la dejaba por otra chica.

Una vez un amigo me dijo que se sabía todas los olores de los kleenex del supermercado, me pareció una metáfora lindísima para explicarme que estaba hecho una mierda. En Costa Rica una noche de sábado una amiga acabó con una botella de tequila coreando entre tristezas la maravillosa discografía de Chavela Vargas; y en Guatemala me topé con otro lindo corazón roto que por medio de cocinar pizza apaciguó la tristeza. Aquella noche de cocina elaboramos una lista de las mejores películas sobre el desamor, fue otra manera de contribuir a la causa, si de algo sirve el cine es para hacernos sentir que nuestra desdicha es plenamente humana. En el resto de ámbitos apenas nunca se habla de amor, parece un tema renegado para el arte, es el único que logra atender cual doctor/a a todos los pacientes de amor (en todos sus grados, facetas y diversidades).  El resto de áreas, incluidas las puramente humanas y cotidianas como son tomar un café, evitan abordar el amor, limitándolo a chistes, cotilleos o impulsivos planes de fiesta para evitar la tristeza. El amor o la tristeza no es un tema para el que se nos haya educado a hablar, es un tema para la mitología, los libros o las historias ajenas, pero no para compartirlas, de ahí quizás el tabú sexual y emocional que arrastra consigo. Nadie se ausencia del trabajo una semana porque tiene desamor; la gente tiene gripe, malaria o virus estomacales, pero no un corazón roto. Desde el aspecto intelectual, se suele abordar el mismo desde una mirada posmoderna ligada a la crítica de las expectativas del amor romántico. Se pone en reflexión la monogamia, la fidelidad, entre en juego el poliamor, la libertad dentro de las parejas, los tríos, el sexo pasa a ser mucho más carnal que emocional, el feminismo cuestiona los roles…y todo se pone en debate para zarandearlo, mientras, en silencio, el cerebro y las hormonas hacen de las suyas para rebatirnos en una constante lucha por saber qué es lo que realmente deseamos o anhelamos para nosotrxs mismxs.

http://https://www.youtube.com/watch?v=OanOkaXRvoM

Quizás en el mundo solo hay un sitio donde el desamor tenga un hueco en la sociedad, y ese lugar es México. Tequila, cantinas y rancheras para un corazón roto. La gran Chavela Vargas, de origen costarricense pero afincada en México, es siempre una buena opción para abrir la botella.

Una relación nunca será perfecta como nos contaron, posiblemente será muchísimo más imperfecta. El cine, los libros, las canciones o las relaciones ajenas nos pueden servir como modelos para alimentar nuestra fantasía, nuestra imaginación, pero no deberían ser las guías de nuestras vidas, pues la historia que nosotrxs creemos será única e irrepetible, al igual que ese instante y al igual que nosotrsx mismxs. No hay un modo de enamorarse, de quererse, sino infinitos de ellos, al igual que hay infinitas formas de que lleguen a su fin. El miedo y las vergüenzas nos impiden muchas veces hacer aquello que realmente deseamos, ellos junto con el deber son los principales enemigos del deseo, y el deseo es la esencia del ser. Cita de Pat en uno de sus muchos email sobre el enamoramiento.

Solo hay que coger una mochila y emprender viaje para toparse con millones de locas historias que te hacen entender que Pat tenía razón, «el ser humano está totalmente chiflado bajo el ojo ajeno pero grandiosamente feliz para aquel o aquella que se deja llevar por si misma».El amor es un caos que quizás requiere de mucha más curiosidad por descubrir y descubrirnos, que de raciocinio por intentar entenderlo.

http://http://www.youtube.com/watch?v=zgcJwRzj6hA

Roberto dejándose llevar por el deseo.

Con mucho cariño para todos los corazones, alegres y rotos, que me han contado sus historias. Por todos esos tazones de ositos de chocolate, chupitos de tequila o noches de películas que he compartido incluso desde la distancia.

Os comparto la improvisada lista de película que surgió aquella noche en Guatemala. Sería divertido ampliarla con muchas más sugerencias, cuantas más mejor, el desamor puede durar más de 25 películas. Se admiten comedias.

  1. La desaparición de Eleanor Rigby
  2. Cosas que nunca te dije
  3. Blue Valentine
  4. 500 días juntos
  5. Todas las canciones hablan de mi
  6. Her
  7. The romantics
  8. Obvius Child
  9. Alabama Monroe (2014)
  10. La vida de Adele
  11. 10.000 kilometros
  12. Declaración de guerra
  13. Revolutionary Road
  14. An education
  15. La vida de los peces
  16. Begin again
  17. Olvídate de mi
  18. Los amantes del círculo polar
  19. El último beso (versión italiana)
  20. Annie hall
  21. Take This Waltz
  22. El Amor: Primera Parte” (2005) de Alejandro Fadel
  23. Te doy mis ojos
  24. Mademoiselle Chambon (Stéphane Brize 2009)
  25. Antes del anochecer (ver antes Antes del Amanecer y Antes del atardecer)
Dibujo texto Hacer una robertada. Una profesora pregunta ante sus alumnos a quién no le han roto el corazón.